SÍ, HAY QUE DEJAR DE FUMAR


La nicotina pasa a la sangre del feto a través del cordón umbilical y hace que le lleguen menos nutrientes, que esté peor alimentado. Esto ralentiza su crecimiento, y cuanto más pequeño sea, más débil nacerá. Los hijos de madres fumadoras padecen más enfermedades pulmonares ( desde infecciones respiratorias a asma), otitis, cólicos del lactante y alergias que los hijos de las no fumadoras.
Más complicaciones.
También tienen más riesgo de sufrir muerte súbita y nacen con (mono). Lloran más de lo normal, es más difícil calmarles y se muestran irritables las primeras semanas.
En cuanto al embarazo en sí, fumar duplica las probabilidades de que la madre sufra trastornos de la placenta, sangrado vaginal y abortos espontáneos.
Aumenta el riesgo del parto prematuro, lo  que incrementa las probabilidades de que el bebé nazca bajo de peso y con problemas de salud.
Además, con el tabaco desciende la cantidad y calidad de la leche materna, Así  de cruda es una gestación rodeada de nicotina, Pero, aun sabiéndolo, es difícil dejar el tabaco. Eso sí, no cualquier fumador tiene una razón  tan de peso como una embarazada para planteárselo en serio.
La motivación extra que supone tener un hijo y ser consciente de los riesgos que, para su desarrollo, conlleva fumar, son estímulos nuevos a la hora de abandonar el hábito.
También pueden utilizarse como aliados algunos de los cambios fisiológicos que se experimentan durante la gestación.
En este período, los olores se perciben con mayor intensidad y el del tabaco no es precisamente agradable.
Dejarse ayudar.
La sensación de cansancio es habitual, y fumar la agudiza.
Las náuseas y mareos son corrientes los primeros meses……
Es como si el propio cuerpo rechazara la dosis que hasta hora reclamaba. Estas razones nos pueden servir de empujón definitivo para dejarlo cuando la dependencia es baja.
Ahora bien, si la adicción es alta, lo más realista es afrontar el reto con algo más que fuerza de voluntad. En estos casos, conviene acudir al centro de salud, donde el médico de cabecera, la enfermera o la matrona informan del  tratamiento más recomendable. En muchas ocasiones, estos profesionales derivan a la futura mamá a una unidad especializada en tabaquismos para seguir una terapia cognitiva – conductual.
Fuente: Ser Padres nº414

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